La observé primero tímida, mirando el cajero automático. Algo nerviosa. La pequeña fila avanzó y ella se enfrentó a la pantalla.
Tenía en la mirada una mezcla de miedo y a la vez de ilusión por poder entender cómo se hacía lo que tantas veces había visto hacer a su patrona en el Supermercado...
Dudó un momento temerosa pero su hija la alentó diciendo, ¡mamá ella te va ayudar!...es que la chica también quería ver también cómo era…
La mujer aceptó la sonrisa de ayuda, no sin delatar el orgullo por no verse débil e ignorante.
La funcionaria, de uniforme del Banco, le comenzó a dar indicaciones sobre cómo enfrentar el artefacto.
“Es que me dieron... ¿Cuenta Rut se llama? dijo, me llegó a la casa, ¿sirve para sacar plata aquí?”.
Como rememorando sus días en la escuelita de su pueblo, se dejó llevar por las instrucciones y vio cómo salía el dinero que necesitaba…sus ojos se iluminaron.
Era su primera vez usando una tarjeta… ¡gracias! sonrió tímida a la funcionaria. Y se fue, siempre del brazo de su hija, cuidando la plata. La chica se dio vuelta y agradeció a la funcionaria diciéndole ¡primera vez que venimos juntas al Banco!
Al salir del hall central alcancé a captar la mirada mezcla de emoción, incredulidad y alegría de la chica, cuando otra promotora se le acercó y le dijo: y tú, ¿quieres una para ti?
¿Para mii?




Me encantó
¿Es una escena real, Carlos?
Si lo es, me parece fantástica la foto. Si no, el relato es mágico porque nos pone en el mundo de lo posible. En alguna parte alguien se habrá visto sorprendido por la posibilidad de acceder a este pedazo de modernidad que trae la CuentaRut.
Mil gracias por compartirla.
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Pedro